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Alimentos cotidianos que pueden deteriorar tu hígado silenciosamente
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Mujer Informa 10/09/26
El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo. Participa en la digestión, almacena energía, procesa nutrientes y ayuda a eliminar sustancias que el organismo necesita desechar. Sin embargo, algunos hábitos alimentarios pueden afectar su funcionamiento de manera progresiva y pasar desapercibidos durante años.
Entre los problemas más frecuentes se encuentra la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), conocida anteriormente como hígado graso no alcohólico. Puede desarrollarse cuando existe acumulación de grasa en el hígado y está relacionada con factores como el exceso de peso, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y alteraciones en los niveles de grasas en sangre.
Esto significa que cuidar la salud hepática va mucho más allá de evitar el alcohol. Algunos productos que aparecen regularmente en la alimentación cotidiana también pueden contribuir al problema cuando se consumen con frecuencia y en cantidades elevadas.
Bebidas azucaradas: un hábito diario que puede pasar desapercibido
Los refrescos, bebidas energéticas, tés embotellados, aguas saborizadas y otras bebidas con azúcares añadidos pueden convertirse fácilmente en parte de la rutina diaria.
El problema está especialmente relacionado con el consumo frecuente de grandes cantidades de azúcares simples, particularmente fructosa. El exceso de fructosa puede favorecer la producción y acumulación de grasa en el hígado.
Además, las bebidas azucaradas aportan calorías con poca capacidad para generar saciedad, lo que puede facilitar un consumo energético superior a las necesidades del organismo.
Una lata de refresco ocasional dentro de una alimentación equilibrada representa un escenario muy diferente al consumo de varias bebidas azucaradas todos los días.
Una alternativa sencilla es acostumbrarse poco a poco al agua natural, acompañada de frutas enteras y otras bebidas sin azúcar añadido.
Ultraprocesados: cuando lo práctico se convierte en rutina
Los alimentos ultraprocesados están presentes en prácticamente cualquier supermercado: embutidos, sopas instantáneas, nuggets, botanas empaquetadas, galletas, comida rápida y diferentes productos listos para consumir.
Su impacto sobre la salud hepática depende del patrón general de alimentación y de la frecuencia con la que se consumen. Una alimentación basada habitualmente en productos con exceso de calorías, azúcares, grasas saturadas y sodio puede favorecer alteraciones metabólicas relacionadas con el hígado graso.
Además, muchos ultraprocesados están diseñados para resultar muy atractivos al paladar, lo que puede facilitar comer cantidades mayores.
Esto tampoco significa que todos los productos procesados deban desaparecer de la alimentación. La clave está en priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados y reservar los productos ultraprocesados para un consumo ocasional.
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Azúcar, pan dulce y harinas refinadas
Galletas, pan dulce, cereales azucarados, pasteles, dulces y otros productos elaborados principalmente con azúcares y harinas refinadas pueden aportar una cantidad considerable de energía cuando forman parte habitual de la dieta.
El consumo frecuente de estos productos puede contribuir al exceso de calorías y a alteraciones metabólicas. A largo plazo, factores como la resistencia a la insulina y el aumento de grasa corporal están relacionados con un mayor riesgo de desarrollar hígado graso.
Aquí resulta importante distinguir entre consumir un alimento ocasionalmente y convertirlo en un hábito diario.
Por ejemplo, disfrutar un pan dulce de vez en cuando puede formar parte de una alimentación equilibrada. El escenario cambia cuando productos ricos en azúcar aparecen varias veces al día y desplazan opciones con mayor valor nutricional.
Para cuidar el hígado, puede ser útil elegir con mayor frecuencia frutas enteras, avena, legumbres y cereales integrales, además de moderar productos con grandes cantidades de azúcares añadidos.
Frituras y exceso de grasas saturadas
Papas fritas, alimentos empanizados, frituras comerciales y algunas preparaciones con grandes cantidades de grasa pueden aportar muchas calorías en porciones relativamente pequeñas.
Una alimentación con un consumo elevado de grasas saturadas puede formar parte de un patrón asociado con alteraciones metabólicas y acumulación de grasa hepática.
Por eso, más que eliminar todas las grasas de la alimentación, conviene aprender a elegirlas. El organismo necesita grasas para diferentes funciones, pero existen opciones nutricionalmente más favorables.
El aceite de oliva, aguacate, nueces, semillas y pescados aportan grasas insaturadas que pueden formar parte de una alimentación equilibrada.
También puede ayudar cambiar algunas preparaciones: cocinar al horno, a la plancha, al vapor o utilizar la freidora de aire puede disminuir la cantidad de aceite utilizada.
¿Qué alimentos ayudan a cuidar la salud del hígado?
Hablar de salud hepática también significa hablar de todo aquello que podemos incorporar a nuestra alimentación.
Una dieta equilibrada puede incluir verduras, frutas enteras, legumbres, cereales integrales, pescado, pollo, huevos, frutos secos, semillas y otras fuentes de proteínas de acuerdo con las necesidades individuales.
Las frutas y verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y diferentes compuestos beneficiosos. Las legumbres y los cereales integrales pueden ayudar a mejorar la calidad general de la alimentación, mientras que fuentes de grasas insaturadas como el aguacate, las nueces y el aceite de oliva pueden formar parte de un patrón saludable.
También resulta importante mantener actividad física regular y cuidar factores como el peso corporal, la glucosa y los niveles de colesterol y triglicéridos.
Una de las características del hígado graso es que puede avanzar durante un largo periodo con pocos síntomas. Por ello, las personas con factores de riesgo pueden beneficiarse de una valoración médica y de los estudios que determine un profesional de la salud.
Cuidar el hígado empieza con decisiones cotidianas. Cambiar algunas bebidas, aumentar el consumo de alimentos frescos, moderar los productos ultraprocesados y mantener una alimentación variada puede contribuir al bienestar metabólico.
El objetivo tampoco consiste en vivir con restricciones permanentes, sino en construir hábitos sostenibles que permitan disfrutar de los alimentos mientras se protege la salud a largo plazo.
Si existen antecedentes de hígado graso, diabetes, colesterol elevado, sobrepeso u otros factores de riesgo, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud antes de realizar cambios importantes en la alimentación.
Preguntas frecuentes
¿Qué alimento es peor para el hígado? Más que un alimento aislado, importa el patrón de alimentación. El consumo frecuente y elevado de bebidas azucaradas, ultraprocesados, azúcares añadidos y alimentos con exceso de calorías puede favorecer factores relacionados con el hígado graso.
¿El hígado graso puede mejorar? En muchos casos, los cambios en alimentación, actividad física y otros hábitos pueden ayudar a reducir la grasa acumulada en el hígado y mejorar la salud metabólica. El tratamiento depende de cada persona y debe ser indicado por un profesional.
¿Comer fruta afecta al hígado por su contenido de azúcar? La fruta entera contiene fibra, vitaminas y otros nutrientes. Su consumo dentro de una alimentación equilibrada es diferente al consumo de bebidas y productos con azúcares añadidos.
¿Cómo puedo saber si mi hígado está saludable? Algunas enfermedades hepáticas pueden presentar pocos síntomas durante sus primeras etapas. Un profesional de la salud puede determinar si necesitas análisis de sangre, estudios de imagen u otras evaluaciones según tus antecedentes y factores de riesgo.
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