El campo abandonado en México: por qué casi dos millones de hectáreas dejaron de cultivarse
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Mujer Informa 28/11/25
Nuevos datos oficiales exponen una realidad inquietante: mientras algunas regiones rurales mantienen una actividad agrícola estable, otras acumulan extensiones completas de tierra improductiva. El resultado es un mosaico desigual donde la autosuficiencia alimentaria, el bienestar de miles de familias campesinas y el futuro del sector agropecuario se ponen en entredicho.
El Censo Agropecuario 2022 del INEGI permite observar este fenómeno con mayor precisión. Sus cifras revelan que 1.82 millones de hectáreas agrícolas no se cultivaron por razones que van desde malas temporadas hasta falta de crédito o ausencia de mano de obra. Y, además, casi la mitad del suelo rural mexicano no se utiliza para actividades agropecuarias ni forestales.
Un territorio vasto, diverso… y profundamente desigual
México cuenta con 196.3 millones de hectáreas de superficie, de las cuales 191.7 millones son rurales. Sin embargo, dentro de este enorme territorio conviven realidades muy distintas:
87.9 millones de hectáreas se destinan a actividades agropecuarias.
15.6 millones tienen aprovechamiento forestal.
88.1 millones permanecen sin uso productivo.
Es decir, casi la mitad del campo mexicano está en pausa, un escenario que evidencia problemas estructurales, abandono social e importantes desafíos económicos.
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La tierra agrícola: entre la estabilidad y el estancamiento
Aunque la superficie agrícola nacional se ha mantenido prácticamente igual durante 15 años —29.8 millones de hectáreas en 2022, frente a 29.9 millones en 2007—, su interior muestra contrastes importantes:
21.6 millones de hectáreas se sembraron.
4.06 millones quedaron sin sembrar.
De estas, 2.24 millones estaban en descanso por rotación productiva.
Y 1.82 millones de hectáreas simplemente no se cultivaron.
¿La razón? Una combinación de factores que afectan especialmente a pequeños y medianos productores:
Temporadas agrícolas desfavorables.
Falta de acceso al crédito.
Enfermedades o problemas de salud de los operadores.
Escasez de mano de obra.
Ausencia de apoyos gubernamentales o insumos.
A esto se suma un elemento que limita la productividad nacional: solo el 26 % de la superficie agrícola cuenta con riego, mientras que el 74 % depende del temporal y, por tanto, de condiciones climáticas cada vez más impredecibles.
El riego apenas ha crecido un millón de hectáreas desde 2007, un avance menor frente a las necesidades reales del país.
El impacto social y económico: protestas y descontento
La crisis rural no es silenciosa. El 24 de noviembre de 2025, productores y transportistas bloquearon rutas en 22 estados del país. La protesta, encabezada por la ANTAC, el FNRCM y el MAC, visibilizó una situación que se ha vuelto insostenible para miles de familias.
Sus principales reclamos fueron:
Seguridad ante el incremento de violencia en zonas rurales.
Un precio mínimo justo para el maíz blanco, base alimentaria y económica de comunidades campesinas.
Cambios en la Ley de Aguas, considerada insuficiente para las necesidades del campo actual.
Las organizaciones advirtieron que la combinación de inseguridad, bajos precios, escasez de agua y políticas insuficientes ha puesto en riesgo la viabilidad de muchas unidades productivas, amenazando la autosuficiencia alimentaria de México.
¿Qué significa que casi dos millones de hectáreas no se cultiven?
Este abandono no solo refleja problemas productivos; también apunta a una transformación profunda en el campo mexicano:
Migración rural acelerada.
Envejecimiento de agricultores.
Dependencia creciente de alimentos importados.
Disminución de superficies disponibles para garantizar la seguridad alimentaria.
Expertos coinciden en que si México quiere atender esta crisis, será necesario fortalecer políticas públicas que garanticen acceso al agua, financiamiento rural, seguridad y capacitación técnica.
De lo contrario, la tendencia podría agravarse, dejando cada vez más tierra improductiva.
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